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No nos provoquemos más sed

Publicado el: 29 Jul 2014

Las previsiones climáticas para los próximos meses son poco alentadoras. Ya la sequía azota a varios departamentos y la ola de calor crecerá. Nos cabe ser muy responsables en el uso del agua.

Estas líneas pueden resultar un listado de consejos y llamados de atención de padres acuciosos para que sus hijos no malgasten los recursos disponibles. De eso se trata, pero en un nivel más amplio, el social: solicitar a los ciudadanos ahondar en la conciencia sobre el uso y consumo de recursos naturales esenciales. Y de uno en especial, el agua.

El país está entrando en un período extenso e intenso de verano y calor. Desde finales de 2013 y hasta hoy, por ejemplo, los ganaderos de Córdoba y Magdalena acusan una sequía que ha menguado de manera notoria sus hatos. Las contabilidades señalan unas 40.000 reses muertas en 2014, en la Costa Caribe, por la falta de pastos y de agua.

Pero la desaparición de fuentes de agua y la evaporación de abrevaderos se amplía peligrosamente a la población humana del país. La Defensoría del Pueblo ya alertó sobre la dramática situación de los niños guajiros, quienes están muriendo de hambre y sed. Los registros oficiales hablan de 15 menores fallecidos este año, pero se cree que son más debido al subregistro. Y otros 18.000 niños están en riesgo por desnutrición y deshidratación. El 10 por ciento de los chivos en la región ha muerto durante esta ola de calor.

Hay reportados por lo menos 60 caseríos cordobeses donde no hay agua. Ni qué decir de Casanare, donde la sequía produjo una mortandad de chigüiros sin antecedentes y donde hay denuncias sobre el malgasto de recursos para construir el acueducto. Se dispararon, además, los incendios en los cordones rurales de ciudades como Medellín, Cali y Barranquilla. Lo más delicado es que apenas está por comenzar el fenómeno de El Niño. Así que tal panorama, tan desalentador, es apenas el preámbulo de lo que puede pasar si no se toman medidas en todos los ámbitos.

Por eso queremos enfatizar en la gran responsabilidad que nos asiste como ciudadanos para paliar en algo este largo período seco que inicia.

Es en las grandes ciudades, en los centros urbanos, donde más agua se consume y se dilapida. Pareciera que disponer del líquido con esa facilidad que nos significa el solo abrir la llave nos anestesiara frente al inmenso valor que tiene cada gota, cada litro, mientras que hay compatriotas que hoy están sufriendo para conseguir un trago. Incluso, les escasea el agua pobremente tratada para lavar la ropa, los trastes y evacuar los pozos de los sanitarios y baños.

En las actuales condiciones, tan críticas y amenazantes para los servicios de acueducto y energía, no queremos ver gente que pretende lavar el carro cada semana. O que se baña o se lava los dientes sin reparar en la llave, abierta al desperdicio de cientos de litros de agua. Tal vez miles y millones de galones, si sumamos lo que pueden despilfarrar los ciudadanos en grandes centros urbanos como Bogotá o Medellín.

Estamos llamando a la concientización. A la cultura hogareña y empresarial para que haya un gasto racional del agua en estos tiempos difíciles, y también en los buenos. Las sociedades más ordenadas se caracterizan porque en este tipo de actos, en apariencia intrascendentes, se refleja una alta moral cívica y de aprecio por recursos de beneficio común.

Es legítimo exigir del Estado y sus diferentes niveles de gobierno planes de mediano y largo plazos para prevenir y atender los fenómenos que trae el cambio climático. Sin duda, desde lo público, se deben anticipar estas crisis. Pero es igual de sensato y obligado desarrollar conciencia sobre el aporte que podemos hacer también los ciudadanos para aminorar el azote de sequías e inundaciones extremas. Es tiempo de asumir lo que cada uno tiene de responsabilidad con el medio ambiente.

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