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Un censo que sorprende al campo

Publicado el: 24 Apr 2014

El Colombiano acompañó una de las jornadas del censo agropecuario en zona rural de Pereira, en Risaralda.

Y, ¿qué le pasó a esa mano? La pregunta no está en el cuestionario del Censo Nacional Agropecuario, pero la curiosidad del censista, Jorge Hernández, la suscita el hecho de que a su interlocutor le falten los dedos meñique y anular de su mano izquierda.

El personal contratado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), encargado de recoger la información agrícola y pecuaria de la zona rural de Pereira, llegó a la vereda La Linda del corregimiento Arabia y pasadas las ocho de la mañana, del jueves anterior, estuvo en casa de Jesús María Fernández, y en las de otros vecinos del sector.

La extensión del cuestionario que trae más de 180 interrogantes, la necesidad muchas veces de explicarle al entrevistado el sentido de la pregunta y los recuerdos que llegan a la memoria de Jesús María antes de responder, hacen que el proceso se alargue por más de dos horas.

Dotado de un dispositivo móvil, Hernández esboza en su rostro un gesto de paciencia y sonríe con las ocurrencias del campesino, quien se rehusa a responder cuántos años tiene. -Pues diga usted la edad que puedo tener. Solo le cuento que la primera tierra, de casi dos cuadras, me costó 2.500 pesos, platica que conseguí con la venta de una cerda y cinco cochinos que había criado, ¿cuándo sería eso?- apunta con desparpajo el labriego.

Pero la pregunta, que se resolvería fácilmente con una cifra, trae más historia. -He estado toda la vida en esta vereda y la finca era de los abuelos míos, pero ellos murieron hace 55 años y la tierra quedó de mi mamá, entonces mis hermanos organizaron todo para que la finca me quedara a mí y la tengo desde hace 14 años, cuando ella murió.

No menos complejas resultan las respuestas sobre la destinación que tiene el predio de Jesús María y sus niveles de producción. -Ha sido una finca ganadera y cafetera, hoy sólo tiene café. Ganado ya no porque me embiste y eso que fui matarife por 40 años.

Al censista de 22 años no le queda otra opción que resignarse a oír los relatos de su entrevistado y el repaso de sus incontables faenas de sacrificio de cerdos y reses, que se comercializaban en los caseríos de La Arabia, Altagracia y La India de Pereira.

-Pero, ¿cuántas cargas de café produce esta finca? -insiste el encuestador ávido de una respuesta concreta que pueda introducir a la base de datos.

Pero la información no llega. Para el campesino es más relevante comentar que hace poco renovó la plantación con 7.500 palos de café y que espera en unos dos años sacarle la mayor producción y provecho posible. -Ahora le sacó muy poco café y algunos racimos de plátano, pero la verdad es que yo no llevo las cuentas y trabajo a la loca.

La conversación pasa por intentar conocer el inventario pecuario del predio, pero no se cuentan las mascotas; el nivel de infraestructura y maquinaria del que dispone; el aprovisionamiento de agua y la asistencia técnica que recibe; entre otros aspectos.

Terminada la charla, Jesús María lamenta que se le haya retrasado el desayuno, pero confía en que a la hora del almuerzo se pueda desquitar y disfrutarlo con tranquilidad.

1. El aparato logístico del censo

Para llegar a la casa de Jesús María, el Dane debió montar una operación estadística y logística con la que pretende hacer un barrido por todas las zonas rurales del país, para actualizar la información básica sobre el sector agropecuario, su situación actual y la condición de vida de sus habitantes.

En el caso del departamento de Risaralda, Hernández es uno de los 131 censistas que se contrataron para recolectar la información y detrás de él hay 31 supervisores, cinco coordinares, cinco apoyos informáticos y dos apoyos administrativos, lo que sumado al personal logístico y de transporte llega a 589 personas.

El muchacho, estudiante de cuarto semestre de medicina de la Universidad de Caldas, hizo durante la semana los últimos cuestionarios, pues mañana retoma sus actividades académicas.

Terminada la conversación con Jesús María se trasladó a un predio vecino y allí lo atendió Arcesio Sepúlveda, el administrador. -¿Yo puedo contestar sabiendo que soy el administrador y no el dueño de la finca? -interroga el hombre.

Tras la explicación del caso y la pertinencia de que sea él quien responda, porque es quien conoce el manejo de la finca arranca la serie de preguntas muchas de las cuales, nuevamente, deben ser explicadas. -No entiendo, ¿cómo así que si la finca es de una persona natural o de una persona jurídica?

Mientras Hernández avanza con su segunda encuesta del día, César Martínez, coordinador de Campo del Censo en Risaralda, comenta sobre las dificultades que han surgido para el avance del trabajo con las comunidades indígenas.

A diferencia de Jesús María, que es abierto a la conversación y dado a hablar más de la cuenta, los indígenas no aceptan que los aborde gente que no sea de su comunidad y para ello fue necesario que se capacitaran a algunos de sus miembros para trabajar como censistas.

2. Para qué censar el campo

El censo con Arcesio demandó menos tiempo que con Jesús María, pero pese a la disposición del campesino de 60 años de edad, para contestar los interrogantes, al final son más dudas que las certezas que le quedan de ese ejercicio.

-Esto sirve mucho, nosotros estamos luchando por una casita y es posible que, después de esto, el Gobierno nos la dé y de pronto que nos llegue una pensión.

De vuelta a casa de Jesús María, lo encontramos sentado en la acera de su casa atendiendo a una censista del Dane.

El hecho de tener otro predio, apartado algunos metros de su casa, lo somete a responder de nuevo el cuestionario.

-Esas preguntas tal vez sirvan hasta para perjudicarlo a uno y subir los impuestos- dice con gracia y sin nada de molestia por no poder almorzar tranquilo.

-¿Los dedos? No los perdí en un accidente, es que también fui polvorero

¿QUÉ SIGUE?

El censo llega en abril a antioquia

Antes de finalizar abril, el Censo Nacional Agropecuario se iniciará en Antioquia, de manera simultánea con otros departamentos. El Dane estima que el 31 de julio esté terminada la tarea de recolección de información, que en esta parte del país estará a cargo de 2.695 personas, de las cuales 1.711 actuarán como censistas. La idea es que para esa fecha el trabajo de campo haya terminado en todo el país y arranque la tabulación y procesamiento de los datos para entregar los resultados entre los meses de agosto y octubre y con ello actualizar el inventario agropecuario y rural del país.

Textualmente

Un ejercicio para fundar una política agropecuaria

Mauricio Perfetti del Corral

Director del Dane

Los censos agropecuarios que se han hecho en América Latina incluyen entre 500 y 700 preguntas y nosotros solo tenemos 189 preguntas, lo que no es exagerado. Además, estamos levantando información fundamental que será muy útil y que hoy no se tiene, entre ellas cómo es la provisión de agua para la producción agropecuaria del país, porque hoy nadie sabe. Eso nos permitirá conocer un elemento fundamental para definir una política de abastecimiento de agua para todo el país. Otro tema esencial es sobre la demanda potencial de asistencia técnica, porque en Colombia no se sabe quién provee esa asistencia, cuál es la demanda potencial y quién la recibe y ese es otro tema clave. También queremos saber cuál es la demanda potencial de crédito, porque solo sabemos quienes reciben crédito. Estamos llegando a lo que en el Dane llamamos el país rural disperso, pues el censo de demografía y vivienda de 2005 tuvo, limitaciones para llegar a todos los rincones del país y ahora estamos llegando a la totalidad de zonas rurales dispersas y con ello vamos a conocer las condiciones sociodemográficas y de vivienda de esa población, a qué tipo de servicios acceden y cómo viven. También recolectamos información por maquinaria, pues el país no sabe cuál es el nivel de capitalización del campo y estamos indagando por eso. En resumen lo que se están sentado son las bases para poder desarrollar una política agropecuaria y rural. En el censo también estamos preguntado por desplazamiento y si ha habido retorno, así como por la tenencia de la tierra lo que será una fuente fundamental para el desarrollo de esa política agropecuaria y para los ejercicios de restitución de tierras que está ejecutando el Gobierno. Para lo que resta del censo vamos a emprender una sensibilización más profunda para que el nivel de rechazo de los pobladores del campo se mantenga en niveles mínimos. Estimamos un margen de rechazo del 3 por ciento, pero en las zonas en las que hemos estado hemos estado del orden de 0,1 y 0,2 por ciento.

En definitiva

Con el censo agropecuario el Gobierno busca desatrasar una tarea pendiente por más de cuatro décadas, pero quienes responden no saben de qué sirve.

Por Ferney Arias Jiménez

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