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Conozca A La Mejor Vaquera Del País

Publicado el: 27 Mar 2015

Paula Fernanda Mendoza fue la ganadora del Concurso Mundial, en Villavicencio. Una mujer con arrojo.

El amor por lo que se hace, el honor a la tierra llanera, la elegancia en la monta y claro, la plena comunicación con el caballo y la destreza a la hora de efectuar la maniobra encomendada, hacen parte de las cualidades y características que distinguen a Paula Fernanda Mendoza, la mejor vaquera del país.

El Concurso Mundial de la Mujer Vaquera fue disputado el pasado fin de semana en Villavicencio, contó con la participación de 52 especialistas, 10 de ellas extranjeras y dejó como ganadora a esta mujer, una experta en los dotes de vaquería, nacida hace 29 años en Cumaral, levantada a la par del próspero criadero de caballos de la familia, y alentada por el eterno y profundo amor por los equinos.

En la modalidad de la soga, María Fernanda mostró su mejor técnica para enlazar a los novillos. La cumaraleña fue la campeona del IX Concurso Mundial de la Mujer Vaquera. Fotos: Óscar Bernal / EL TIEMPO

 

 

“Esto se lleva en la sangre, y se forja desde la cuna. Tuve la fortuna de nacer en un hogar que, como buenos llaneros, tienen al caballo, como al mejor de los compañeros de andanzas. Mi padre fue uno de los pioneros en traer caballos de raza al país y formó el criadero ‘Cabo e’ soga’. Ese romance por los corceles lo heredamos y desde niña me han gustado todo tipo de competencias”, contó la campeona, quien es administradora de empresas y es quien está al frente de los negocios familiares.

‘Juan Hilario’, su compañero de andanzas

Para ser la mejor vaquera del país, según Paula Fernanda, se requiere ser muy disciplinada, conocer muy bien al animal, y por supuesto, comprender la rutina y los secretos para realizar la mejor faena.

“No es fácil, ya había quedado segunda y tercera en otras ediciones del concurso. Hasta que por fin me tocó ganar. Sin duda, es clave el vínculo con el caballo, que debe ser dócil, acatar las órdenes, tener un corazón enorme, contar con mucha nobleza y ser fuerte. Eso lo tiene ‘Juan Hilario’, de 9 años, uno de mis caballos favoritos, un alazán tostado de patas blancas. No es lindo, pero eso lo compensa con su decisión y arrojo, siempre se lleva todas las miradas”, contó la cumaraleña sobre su compañero de aventuras, con quien ha librado vibrantes competencias y logró este año el trofeo más apetecido por las concursantes.

También se debe tener mucha técnica y habilidad con la soga, en una rutina que va de la mano con el vaquero, prueba en la que no se tiene contacto con el ganado, pero sí se debe acorralar o ensogar, según la tarea, al novillo. No hay tanto riesgo como en el coleo, en el que la fuerza del jinete y del caballo impera sobre el toro.

Trofeo, flores y premio. Todo fue para la cumaraleña Paula Fernanda, quien hizo honor al empuje y el arrojo de la mujer llanera para quedarse con el primer lugar del concurso.

 

 

Una mujer llanera

“Hay que ser muy técnicos. Se debe tener gran manejo del lazo, respetar la distancia entre caballo y toro y cumplir con la faena, en muchas ocasiones, a una velocidad de entre 20 o 25 km por hora. A mí me gusta mucho una prueba de destreza que se hace a pelo, pero en esta ocasión no se realizó. Una mexicana, Andrea González, fue la mejor extranjera del concurso, que también tuvo a representantes de Venezuela, Costa Rica y Panamá”, agregó la ganadora del certamen que llegó a su novena edición.

Paula Fernanda, con bluyín, camisa vaquera de manga larga, un par de buenas botas de cuero y con su sombrero, el alma del auténtico llanero, buscará ahora competir en el extranjero para exhibir su habilidades sobre el caballo.

“Me gustaría ir a los Llanos de Venezuela, donde se organizan grandes eventos de coleo y de vaqueros. Sería una linda experiencia. Me siento muy orgullosa de mostrar el temple y el ímpetu de la mujer llanera colombiana. Ahora debo seguir en mis actividades normales, al cuidado de las pesebreras y del criadero”, concluyó la madre de la pequeña María José, de 8 años, quien tiene la herencia de familia en el gusto por los equipos, pero que por ahora no ha despertado esa fiebre.

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